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EL BUFÓN TRÁGICO
ANDINO Y SU TOCAYO EUROPEO
A. Díaz-Florián
Uno de los desastres mayores de cualquier
colonización, es lograr hacer creer al colonizado
que su riqueza cultural no es válida. Que
tan solo la cultura del vencedor es buena.
Un sentimiento de inferioridad se va instalando día
o día, año tras año y siglo tras siglo,
en la mente del colonizado.
El resultado es que el nativo llega a destruirse,
no tan solo culturalmente sino también físicamente.
No es menester citar los medios que utiliza el colono para
dominar al pueblo vencido, ya que son innumerables; desde
el uso de la fuerza armada hasta la estética filiforme
de los desfiles de moda.
En el caso que nos preocupa - la representación teatral
- los colonizadores vinieron con su "Siglo de Oro",
su "Teatro Isabelino " y su "Teatro Clásico",
tres armas poderosas que, apoyadas por las fuerzas inagotables
del Teatro Griego y Romano; lograron rápidamente
hacer desaparecer cualquier cultura autóctona. No tan
solo en América sino en casi todos los continentes.
Aunque el colonizador haya pensado durante siglos que el "salvaje"
no tiene alma y que por tanto es un ser sin sentimientos; ha
tenido que revisar sus opiniones al respecto.
No tanto por el sacrosanto "amor a su prójimo",
sino por sus propios intereses económicos.
No hay cultura que no esté unida intrínsecamente
a la economía del poder.
Éste utiliza tanto embajadores políticos
como culturales (de los cuales quizás hace parte quien
escribe este artículo), que dejan por un tiempo
sus universidades paradisíacas, y vienen
a recorrer los campos devastados culturalmente por sus
antepasados.
Estos estudiosos, de buena voluntad y casi siempre ciegamente
fieles al poder que les envía, logran traducir
las riquezas culturales nacionales al lenguaje del colonizador.
Los resultados son guardados en las bibliotecas-museos de
Europa para ser utilizados a su debido tiempo.
La materia prima y la materia cultural tienen muy pocas diferencias.
Todo es un gigantesco mercado.
Nadie trata al cazador ni al pescador de asesino. Si
mata o pesca, es por necesidad.
Del mismo modo no podemos reprochar al colonizador su condición.
Éste defenderá, ad vitam eternam,
su pueblo y su cultura y ante tal nobleza
de sentimientos poco tenemos que decir.
Achacar al "gringo conquistador" todos nuestros
males no nos sacará del estado de sumisión cultural
en que nos encontramos.
A parte del placer de gritarlo en una plaza en un "mitin"
político, el insulto no ha detenido el avance
arrasador de las fuerzas culturales colonizadoras.
¿Qué reproche podemos hacer a un gran Actor,
miembro de una de las tres grandes instituciones teatrales
europeas, cuando viene a enseñarnos su cultura?
Ninguno, en absoluto.
¿Que acepte que es el representante de los gobiernos
que siguen colonizándonos? Sería
lo máximo que se les puede pedir.
Somos nosotros quienes debemos comenzar a mirar el mundo con
los ojos que la madre naturaleza nos dio y que nuestra gente
nos inculcó.
Debemos tener conciencia de quién somos y aceptar lo
que somos.
Debemos des-alienarnos ante el "señoriíto"
que desde que llegó a nuestras tierras, es, y sigue
siendo, oráculo de saber y cultura.
Esto se logrará a través de una toma de
conciencia de nuestra identidad cultural y un trabajo
titanesco e inevitable.
El demonio del extremismo nos acecha.
Es nuestro deber no caer en el integrismo cultural; de
lo contrario un día veremos fogatas
públicas en las que se quemarán las obras
de Calderón, Shakespeare o Molière.
Sobre los escenarios europeos o los tabladillos
de plazas populares, los sentimientos de todo
ser oscilan entre dos polos: la risa y la tristeza.
Que Shakespeare los haya expresado maravillosamente, inspirado
por la desoladora belleza de las tierras nebulosas de Inglaterra,
no implica, que nosotros, los colonizados, mengüemos
valor a la fuerza sentimental que una artista ayacuchana
imprime a su música. Por ejemplo cuando canta
: "el olor de la sangre del pueblo es hermoso..
cuando huele a pólvora y dinamita... ¡carajo!".
Uno de los personajes más emblemáticos de la
tragedia europea puede ser Ricardo III .
No cabe duda alguna de que su autor será difícilmente
superable en su estilo.
Pero, me pregunto:
¿ Necesitamos que un miembro de la Royal Shakespeare
Company venga a explicarnos los sentimientos del autor?
¿ A caso nuestras pasiones y sentimientos no son suficientes
para interpretar a nuestra manera Ricardo III sin tener que
referirnos constantemente al modelo europeo?
Queremos hacer comprender que los sentimientos que animan
al "Bufón Ricardo" son los mismos que
animan al "Bufón Nacional".
Que el "Bufón" puede ser un Prometeo,
que deja la comodidad del Olimpo, roba el fuego a los
dioses y baja a la tierra para ofrecerlo a los hombres.
O bien, un Ministro de Industria, que
deja su isla y sus oficinas y sube a las montañas andinas,
llevando, en su estrella de comandante, el
ápice de esperanza que servirá de aliento al
campesino para continuar la lucha.
Madrid, 6 de Julio 2007
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