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TEATRO LATINOAMERICANO.
UN CALEIDOSCOPIO CULTURAL.
Osvaldo Obregón.
Ed. Marges 20 - oct. 2000.
Pgs. : 343 - 356.
ENTREVISTA CON ANTONIO
DÍAZ-FLORIÁN
* París, 16, Agosto, 1983.

- Según mis informaciones,
tú comenzaste a dirigir profesionalmente en Francia
en 1969, con una obra titulada La torture. ¿Cuándo
se produjo tu llegada y qué razones determinaron tu
viaje a Francia?
DÍAZ-FLORIÁN :
Yo tenía una posibilidad de hacer estudios en Moscú.
Cuando me encontre en París (por razones políticas
oscuras, porque yo no era político en esa época,
yo era un niño de 18 anos) no hubo más el pase
para Moscú, y estuve obligado a quedarme aquí
en París.
¿Que podía hacer entonces? Continué mis
trabajos teatrales y mis estudios de sociología. Al
mismo tiempo estudiaba en la Escuela Práctica de Altos
Estudios, como casi muchos latinoamericanos, con la sociología
del arte y del otro lado siempre me quedaba el gusto del teatro.
Pasando entre la Sorbona y Censier siempre pasaba por «
la rue de l'Épée de Bois ». En esa calle
había un teatrito pobre, una especie de rata de teatro,
un galpón... y me acerqué muy acorbatado, muy
estudiante latinoamericano, a ese teatro como para verlo,
¿no? y poco a poco, como que pasó una especie
de ósmosis entre la gente que trabajaba en ese teatro
-que en ese momento era gente, digamos, la más progresista
del teatro francés- que « découlait »
de la comunidad teatral que había sido fundada por
Raymond Rouleau.
Entonces, poco a poco, barriendo, entrando como un extranjero,
(risas) era realmente lo que significaba un extranjero total,
a ese teatro cerrado donde nadie podía entrar a las
« repeticiones », yo no sé por qué
milagro pude yo acercarme... no sé cómo pasó
la cosa, pero no fue como « metteur en scène
», ni como autor, ni como estudiante de estudios teatrales
ni de sociología, yo era un personaje, un bicho raro
que estaba por ahí colado a las puertas de ese teatro.
Entonces, fue así como entré al teatro francés.
(...)
En esa época la vida artística no es una decisión
determinada, una prospectiva ideológica, sino que es
casi como una necesidad desinteresada.
Todo lo que he hecho hasta este momento - y por momentos me
digo: es que soy realmente un profesional del teatro o es
que soy un « amateur » del teatro, pero quizá
sea mas « amateur » que profesional. Es así
como entré a l'Épée de Bois. Ahora, una
vez que estuve adentro, trabajé como dos años
sin ganar nada, no me interesaba tampoco ganar, poco a poco
mi presencia se fue haciendo cada vez más importante
hasta que fui « régisseur » del teatro.
Una vez que fui « régisseur », l'Épée
de Bois se volvió un teatro « d'accueil »
y los grupos teatrales se sucedían unos a otros, buenos
y malos. Es verdad que en aquella época casi fueron
los mejores los que pasaron, porque se pudo transformar el
teatro y correspondía a una necesidad absoluta y el
director decía: « Bueno, que lo transformen »
y cada grupo que llegaba lo transformaba y así llegaron
los compañeros del grupo TSE, que no lo transformaron
demasiado.
- ¿ Con Eva Perón ?
DÍAZ-FLORIÁN
: No, antes de Eva Perón,
con Drácula y Goddess,
piezas fabulosas que hicieron ellos, a mi parecer extraordinarias
porque eran totalmente nuevas. Después ya hicieron
Eva Perón que fue un
espectáculo frontal, la Historia
del teatro, que fue un espectáculo frontal,
Drácula y Goddess
eran también espectáculos frontales pero traían
en sí, una cosa totalmente nueva en el teatro.
-¿ En aquéllos años
viste en ese teatro Credo Sauvage de Kergoulay, puesta en
escena de otro latinoamericano : Alberto Rody?
DÍAZ-FLORIÁN :
Quizá tú tengas datos más exactos, pero
yo creo que la primera persona que transformó el teatro
de l'Épée de Bois, que transformó la
estructura frontal y creó una revolución teatral
en ese teatro, fue en Francia Alberto Rody.
El teatro de l'Épée de Bois era una estructura
frontal, es decir, teatro a la italiana.
Cuando yo llegué... había Alberto Rody que transformó
con sus compañeros el teatro. Deshizo todas las butacas
e hizo un dispositivo para la obra de Kergoulay y después
vino Antoine Bourseiller que propuso al teatro la venida de
Grotowski. Y no fue Grotowski quien transformó l'Épée
de Bois, sino Alberto Rody.
- ¿ Cómo se produjo
entonces el montaje de La Torture ? ¿ Fue la primera
obra dirigida por ti ?
DÍAZ-FLORIÁN :
(...) Éramos el Director, el Secretario general y yo
que hacíamos vivir ese teatro, es decir, que trabajábamos
para que el teatro funcione. Yo me dije: hay que fundar un
grupo que viva en esta casa, porque estos teatros vacíos
así, donde se llega una hora antes del espectáculo
me parecía que no era nada viable. Aunque la gente
que venía no era cualquier gente, era gente de lo mejor
: Dubillard, Arrabal, Copi, toda esa gente.
En ese momento fundé, con compañeros del Instituto
de Estudios Teatrales, el Taller de l'Épée de
Bois, con este Taller yo monté la primera obra que
fue el trabajo sobre el teatro griego, Prometeo Encadenado,
acabamos por llamarle La Torture, que fue el primer espectáculo
que yo hice con ese Taller al interior del Teatro de l'Épée
de Bois. Eso duró unas 25 representaciones a las 18
horas de la tarde y después hicimos otro espectáculo
que representábamos en el Lucernaire, se llamaba Mythus
et Sexus, y que muy rápido se vivió Sexus
mas que Mythus (risas) se volvió un espectáculo
pornográfico...
En esa época se destruyó el teatro de l'Épée
de Bois, la ciudad de París recuperó su terreno
y entonces destruyeron ese galpón. Después de
esa desgracia de Mythus et Sexus que fue una catástrofe
- no una catástrofe económica, al público
le gustó mucho - me di cuenta que había que
concentrar más el grupo, que la gente tenía
que tener un espíritu de grupo y ese espíritu
de grupo fue creado a través de Martyrs. Esa fue la
primera pieza que hicimos en la Cartoucherie.
- ¿ Ustedes fueron invitados
por Jean-Marie Serreau a hacer La Torture allí y entonces
se quedaron ?
DÍAZ-FLORIÁN
: Sí, bueno, nos invitaron a hacer el espectáculo
y después que lo hicimos, Jean-Marie Serreau necesitaba
sus espacios en la actual « Tempète » y
cómo había en esa época muchos galpones
en la Cartoucherie, nosotros nos tomamos un galpón
de 5 metros sobre 7 y pasamos allí el invierno, viéndonos
allí cómo unos locos, locos verdaderamente porque
el invierno en París en medio del bosque de Vincennes
y ese galpón donde llovía al interior.
Un día Ariane Mnouchkine dijo : « ¿ Quién
es esa gente ? ¿ Quiénes son esos absurdos ?»
y nos propuso compartir otro galpón mas correcto con
el Atelier de Chaudron, y el ochenta hemos venido a este lugar
donde estamos creando una estructura bastante sólida,
que espero dentro de cuatro o cinco años dará
resultado.
-¿ Tuviste alguna experiencia
teatral en Perú ? ¿ Cuáles fueron tus
actividades alla antes de partir ?
DÍAZ-FLORIÁN
: Llegué aquí, no tenía aún los
18 anos, entonces había comenzado a hacer estudios
en el Instituto Nacional de Arte Dramático, especialmente
con el profesor Jorge Sánchez Pauli que nos enseñaba
la puesta en escena y después me comenzó la
locura de querer hacer cine y me vine para ir a Rusia y me
quedé aquí.
- ¿ Cuáles eran las
condiciones existentes para trabajar en teatro por parte de
un latinoamericano en esa época ? ¿ Eran favorables
o desfavorables ? ¿ Cómo lo considéras
tu ?
DÍAZ-FLORIÁN :
Yo creo que el teatro francés continúa siendo
muy cerrado, muy difícil de entrar. Hubo en esa época
una gran apertura de la Universidad Internacional del Teatro,
dependiente del Teatro de las Naciones, dirigida por Perinetti.
Fue en esa época que salió García y Lavelli.
- Tú hablas de que el ambiente
es cerrado, pero sin embargo existía el Teatro de las
Naciones y la Escuela Internacional, existía el Concurso
de Jeunes Compagnies, que era una posibilidad. Ahí
no importaba ser extranjero, cualquiera podía tener
una subvención, cosa que hizo Lavelli, que hizo también
Rody.
DÍAZ-FLORIÁN :
Creo que hasta este momento no es difícil entrar, llegas
aquí a París, eres director latinoamericano,
tu haces un grupo de teatro, porque tienes tu « métier
», con gente de todo tipo llegas a montar un espectáculo
ensayando en las « caves » en los « greniers
» o en las « Maisons de Culture » o «
Maisons des Jeunes » y el gobierno francés te
da una subvención.
Yo creo que está abierto. Hay niveles, todos los carros
son carros, pero hay los Mercedes Benz y los Cadillac y los
« Deux Chevaux », también así puedes
hacer teatro en París. Muy pocos llegan - yo no pienso
que haya llegado todavía - a esa altura del verdadero
teatro profesional, así de peso y que corresponda a
los grupos subvencionados. Nosotros acabamos de llegar apenas
el año pasado, a ser subvencionados « hors commission
», después de ocho años de trabajo.
De verdad que las dos salas las hacemos funcionar, pero no
hay nada ganado. Nosotros hacemos dos espectáculos
por año, pero cada vez es una aventura nueva. No tenemos
un público asegurado, ni tampoco los compañeros
del TSE, ni nadie.
- De acuerdo a mi investigación,
antes de 1958 no hay prácticamente ninguna presencia
del teatro latinoamericano en Francia. Sin embargo en los
años sesenta la situación cambia. A tu juicio,
qué factores determinaron que nuestro teatro empezara
a ser difundido en Francia, a nivel de autores, con presencia
de directores.
DÍAZ-FLORIÁN
: No, no puedo decirte cuál es la razón. La
sola cosa que puedo decirte yo es que... el gobierno francés
esta atento a cualquier elemento de calidad y ese elemento
de calidad no puede ser sino los autores y los « metteurs
en scène ». Para un actor es casi imposible trabajar
en París. Los latinoamericanos hemos traído
una especie de violencia, de libertad, de violencia en la
puesta en escena mezclada con alegría. Fijate, yo creo
que el teatro latinoamericano es barroco. No tiene otra razón
de existir que esa dimensión barroca, que la dieron
esos locos de García, de Lavelli, de Arrabal como escritor
y aún de Eduardo Manet y también Carlos Fuentes
y Rody. Son ellos los que hicieron la cosa y después
la continuaron los jovenes del TSE.
Entonces, eso es el teatro latinoamericano. Si en algo nos
caracterizamos, a mi parecer, es en eso y las mejores puestas
en escena de Lavelli son esas. No las que ha hecho en el Théâtre
de la Ville o cosas así. Lavelli es fabuloso cuando
monta a Copi o cuando montó a Arrabal.
- Pero cuando dirigió a Gombrowicz
también ...
DÍAZ-FLORIÁN
: También.
- Parece ser entonces que los directores
latinoamericanos le han dado mucho más importancia
a lo visual que al texto en la puesta en escena, en oposición
a la tradición francesa.
DÍAZ-FLORIÁN
: Je crois qu'en Français c'est plus facile pour moi
d'expliquer. Actuellement, je meurs ... je crois que je suis
en danger de mort, parce que je suis conscient que ce théâtre-là,
le théâtre latino-américain de cette époque-là
n'est plus consommé par le public. Arrabal n'est plus
consommé par le public ... plus du tout même.
Gombrowicz en partie. Ce qui est consommé depuis les
trois dernières années, c'est un théâtre
de sourire, c'est une dérision mais apparente, c'est
un réalisme, pas simpliste, je ne veux pas dire, mais
c'est très dangereux.
Alors moi, en tout cas, ce qu'on m'a reproché souvent,
c'est d'être trop violent, trop radical, trop viscéral,
pas du tout joyeux, tu vois, pas du tout souriant, pas du
tout « décontracté ». La gente no
quiere más llorar.
Lo otro fabuloso que también hace parte de la cultura
latinoamericana es Jodorowsky. Cuando hicieron el teatro pánico
y cortaron el cuello del pato y lo botaron con la sangre adentro,
a causa de eso los franceses que tienen cuatro siglos de civilización
civilizada, se volvieron locos.
En este momento Arrabal está en una situación
que no corresponde... Yo, como Arrabal, si puedo compararme
a él, a otro nivel evidentemente, estoy en tanto que
« metteur en scène » en una confusión.
Yo me digo, pero... lo que yo puedo hacer, el público
francés no quiere consumir.
Acabo de hacerles un García Lorca : El
público y Comedia sin
título que es un Lorca terrible, donde grita
su homosexualidad y su desesperación, etc. y la mayoría
de la gente dice, pero eso no es Lorca, creían que
yo había escrito el texto. Ahora les voy a proponer
una Bernarda también requeteloca, porque risueña
y riendo y nada seria y nada negro y blanco, es una locura
desbordante y Lorca decía también, en entrevistas
que he leido, que el público no debe saber si con Bernarda
hay que reír o llorar... Le dices eso al público
francés... para ellos Lorca es tacatacatá con
guitarra y se llora. Y los latinoamericanos somos para los
franceses unos locos también. Unos locos, como decir,
unos locos barrocos. Creen que somos hijos de Tirano Banderas,
algo así.
-¿ Quiere decir que hay un
cambio de sensibilidad en estos años, en relación
a los años 60 y 70 ?
DÍAZ-FLORIÁN
: Total, total, total. No sé si ya has hablado con
Arrabal, pero, para nosotros es una catástrofe. ¿
Que ha hecho Lavelli en estos últimos años,
de puesta en escena fulminante ? Para mí el punto final
del teatro francés - y es mi parecer, no tengo miedo
de decirlo, y por ahí cada uno tiene el suyo - fue
Arrabal en la Comedia Francesa, Teatro del Odeón, puesta
en escena por Lavelli. Con toda la alta burguesía consumidora
de la Comedia Francesa, y la intelectualidad de París
16° riéndose cuando Arrabal dice caca o mierda.
- ¿ La tour de Babel
?
DÍAZ-FLORIÁN :
La tour de Babel, una pieza
fabulosa. Yo la vi hecha por Arrabal en Bruselas. Un «
metteur en scène » fabuloso, metido en un «
carcan » de teatro oficial de la Comedia Francesa. Para
mí marcó lo más alto donde un teatro
puede ir. El resultado fue una especie de obra de museo. Para
mí en ese momento el teatro de Europa nos recuperó
de tal manera...
Ahora Arrabal está escribiendo cine, espero que tenga
movimiento, yo no sé que cosa hace Lavelli. El más
bello, el más fabuloso, el más brillante a mi
parecer murió : Víctor García, ¿
Que cosa queda ? Bueno, los compañeros del TSE luchan
muy bien en su línea.
- Para ti, entonces, hay una sensibilidad
hispánica más que latinoamericana, cuando hablas
de Arrabal y lo mencionas junto con los latinoamericanos.
¿ Tu crées que forman un frente, un cuerpo ?
DÍAZ-FLORIÁN :
Sí, sí. Sin ninguna duda, fíjate, los
latinoamericanos, ¿qué cosa tenemos de
más que el europeo? el lado indio. Al indio ni lo hemos
asimilado bien todavía en America Latina...
- Porque no lo hemos comprendido,
no lo conocemos.
DÍAZ-FLORIÁN :
Ni nosotros mismos lo hemos asimilado. Lo sentimos por allí
como una fuerza que va a salir y traemos una mezcla de gente,
un olor así latino y que está en los españoles.
Yo he trabajado mucho con Arrabal. El año pasado en
estas mismas fechas, el 16 de septiembre, hubo un coloquio
en Sitges, en Barcelona ; estaba yo y Arrabal también.
Yo no pude más y me fui, porque a mí me decían
que mi teatro no era alegre. Y yo les digo : pero la alegría,
para nosotros, es Fuenteovejuna cuando se grita, un grito
de combate es nuestra alegría., no es una palmada en
la espalda o un « jeu de mots », « pas un
sourire de cabaret ». Nuestra alegría., es una
sonrisa de baile de burdel o de baile de campesinos que bailan
hasta emborracharse, te das cuenta. Nuestra alegría
es ese campesino que zapatea hasta que el polvo salga con
sus llanques. Donde se fustigan las piernas, relaciones de
amor, con la danza de las tijeras, cosas así, que son
los araucanos y que son los indios del norte, los aztecas.
Somos esa cosa, esa es nuestra alegría. Eso es incomprensible.
¿ Dónde encuentras eso en la literatura francesa
? Actualmente estudio eso profundamente para hacer los Escritos
contra la Comuna de París, tuve que pasar todo
el siglo XIX delante de los ojos y no hay eso. Y eso ya se
acabó. Eso hizo Arrabal, eso hizo García. García
fue lo más grande que hubo en el Teatro Latinoamericano
y latino. Latino, que cosa podemos traer más que los
españoles, que los andaluces, que cosa más tu
y yo. Lavelli, García sornos hijos de emigrados y sobre
todo los Argentinos.
Pero ahora estoy seguro que vendrán otros, esos sí
serán mas conscientes de su clase indígena que
lo que fuimos nosotros.
- Pasemos a otra cosa ahora. ¿
Cuál ha sido la o las funciones que tu has ejercido
desde la fundación del Atelier de l'Épée
de Bois ?
DÍAZ-FLORIÁN
: Siempre de director, ayudado por la gente. No me considero
en este momento el único elemento, pero sí el
único permanente, se podría decir el guiador
de todas las cosas, a partir de la administración hasta
la costura y como se debe hacer para lavar los platos. Estoy
por todos lados.
No he logrado todavía - quizás lo logre cuando
esté mas maduro, más viejo - dar responsabilidades
totales a otra gente y no tener que meter mi cabeza en todos
lados. Ahora, es verdad que en la estructura actual hay gente
que tiene responsabilidades, hay un decorador, hay un «
menuisier » hay un « électricien »,
hay un equipo fuerte aquí en « l'Épée
de Bois », pero siempre soy como una rata por allí,
siempre estoy buscando y dirigiendo la cosa y dando la coloración
a toda la casa. Eso, desde el comienzo hasta hoy.
-¿ Ahora, los miembros del
Atelier te perciben a ti como latinoamericano, es decir, con
una cultura y una sensibilidad diferente o simplemente como
un hombre de teatro de sensibilidad europea ? Esto nos remite
un poco a lo que hablamos, en cierta medida tú ya lo
has respondido, pero es interesante ampliarlo.
DÍAZ-FLORIÁN
: Hay una complicidad. Mi interés constante y permanente
es tratar de expresar cosas que pertenecen a los actores.
Todos los actores, todo el equipo de « l'Épée
de Bois » es francés. Siempre fue francés,
excepto yo.
Ahora creo que mi preocupación constante fue hacer
espectáculos que, si es verdad son emanados de mi personalidad,
deben corresponder a las personalidades de la gente con quien
trabajo y como siempre he trabajado con gente permanente,
que en promedio desde la fundación hasta hoy se ha
quedado entre dos años y medio y tres, es gente que
trato de conocer lo más profundamente y se establece
una ósmosis.
Hay momentos en que el « metteur en scène »
y los actores se pierden... o el autor. En ese caso nace el
nacionalismo, nacen las culturas diferentes, se ve que son
diferentes. Ese problema existe, yo me he dado cuenta, entre
un bretón y un « corézien ». Porque
cuando se le explica a un actor las costumbres de un actor
y de un bretón, se ve que tienen datos diferentes y
en ese momento yo también creo que me sitúo
en tanto que peruano, como si fuera de un poquitito mas alla
que la Bretaña.
Entonces nunca me he considerado como algo totalmente diferente
a ellos ; que hay una diferencia profunda sí, por la
cultura... porque yo no he sido educado por Descartes, ni
por Molière, ni nada por el estilo, pero tampoco he
sido educado con la cultura india.
Ese es el problema. En definitiva yo considero que tengo que
aprender la cultura francesa y al mismo tiempo aprender mi
cultura india. En America Latina vivimos, en todo caso yo
he vivido, en un especie de atmósfera de culto a los
griegos, a Sócrates y a Platón, pero yo nunca
los había leido. Tenemos una tradición europea
pero no nos han puesto a estudiar griego ni latín como
a los chicos de aquí. A los actores que trabajan conmigo,
cuando les hablas de una palabra, conocen la etimología
desde Grecia y le dan otro sentido y entonces nosotros pasamos
por encima.
- ¿ Al hacer un balance de
tu estancia en Francia qué aspectos de tu trayectoria
teatral te parecen mas positivos ?
DÍAZ-FLORIÁN
: Yo creo que lo más fabuloso fue cuando nosotros estuvimos
en el Festival d'Automne de París, cuando era una cosa
grande en el '75, porque subimos también muy rápido.
Hicimos espectáculos de lo más alto, allí
donde en esa época estaba todavía Grotowski
y toda esa gente de arriba. Creo que en esa época no
tenía conciencia de lo que hacía, era un niño
de 24 años, seguramente me creía genial, pero
era inconsciente total. Yo tenía algo que decir y eso
lo gritaba.
En esa época sacamos espectáculos locos : Tierra,
Nekros, Yuro, el homenaje al Che Guevara, era una locura
total, las críticas como tu verás, fabulosas,
buenas, pero nadie en la sala. Ningún espectador, nada.
Creo que esa época es la más interesante, no
digo la más bonita, porque yo estaba totalmente «
bouché », nada me importaba, era un creador puro,
lo que más me interesaba era que el crítico
tal hubiera dicho que ahí Artaud estaba superado al
infinito y que era una cosa nueva y que haya público
o no, no me importaba. En ese momento yo me creía verdaderamente
creador teatral y bueno, poco a poco, digamos a los 30 años,
comencé apenas a ser consciente de lo que estaba sacando,
pero los espectáculos que hacia eran verdaderas locuras.
Ahora yo no iría a ver un espectáculo así,
porque eran una especie de psicoanálisis escondidos
que, de seguro, me permitieron vivir, que si no me hubiese
vuelto loco, o tendría problemas muy grandes. Entonces
en ese momento saqué espectáculos así,
que eran totalmente creaciones mías y con ese grupo
de chicos que me seguían y después, poco a poco,
el hecho de cambiar de teatro, de tener un teatro estable,
un grupo estable, que hay que pagar el teléfono, la
electricidad... es decir que me volví padre de familia,
pero cuando uno se vuelve padre de familia, el amor lo ve
de otra manera. Para mí, en este momento preciso es
importante saber si soy un padre de familia verdaderamente
feliz, es decir, interesante y nuevo o si estoy « tassé
». Pero creo que tengo una rebelión tan profunda
adentro que nadie me va a parar, que algo va a salir ; si
es verdad que hago actualmente dos salas de espectáculos
con las estructuras enormes que ves, un día de éstos
me voy... para hacer otra cosa.
No me quedaré a ser director de teatro, director de
una casa, de jefe de empresa.
- Pero ahora te parece más
importante que antes la respuesta del público.
DÍAZ-FLORIÁN
: Muchísimo mas. Ahora no vivo si no es para el público.
Mis espectáculos, si es verdad tienen que responder
a mi pasión y a aquélla de los actores - que
son ellos los que van a defender las obras sobre la escena
- tiene que ser para comunicar, para dar algo al público.
Ahora mi única preocupación es una relación
constante con el público que yo amo.
Antes decía « ese huevón no comprende
nada », ahora digo « si no comprende es que yo
he fallado ». En este momento para mí el público
es el eje principal de mi trabajo.
-¿ Y qué tal ha sido
la respuesta frente a tus dos últimas obras : Les écrits
contre la Comune y Hernani ?
DÍAZ-FLORIÁN
: Muy buena, pero no tanto como la del último Lorca...
Es sorprendente el público. Lo mas interesante que
me ha sucedido en estos últimos años es con
Los escritos contra la Comuna de París.
Desde Zola hasta Saundy. Escribieron pestes contra la comuna.
El único que se salvó es Víctor Hugo.
No se por qué. No estaba ahí. De todas maneras
no se manifestó en favor de la Comuna. En todo caso,
todos los otros dijeron pestes contra el pueblo de París.
Bueno, tienen sus razones.
Entonces yo estaba « révolté » contra
esa gente. Es decir contra la cultura occidental, esta cultura
que nos ha colonizado, esta cultura que sigue colonizando
todo el mundo, esta cultura del siglo XIX que es el eje, que
es la « pointe » de todo el colonialisme en todo
el mundo, leyendo ese « roman » yo me digo cómo
es posible que la gente no sepa estos horrores. Entonces mi
deseo fue un deseo de rabia, de denunciador. Hice así
el espectáculo. Pero el público no se encontraba
rabioso, reía... y reía y reía. Yo pensaba
« pero cómo, no pueden reir » y me iba
del espectáculo, me iba de aquí del teatro.
Era una carcajada, porque la reacción sana del público
frente a las pestes que decía esta gente hoy ya muerta
- que los tienen todos como « livres de chevet »
en sus casas - era reirse de sus babadas. Su reacción
fue superior a la mía.
Y esa es una reacción típicamente francesa.
El distanciamiento y la sonrisa, ignorar a la gente que no
interesa. Que esté, ahí, que se pudra. Y reía
y reía y reía. Entonces dije : « Puchas,
aquí pasa algo nuevo ». Y el espectáculo
funcionó, creo que casi tuvo 150 representaciones.
En ese momento me dije : « Este público tiene
que enseñarme, me está enseñando algo,
está diciendo alguna cosa con esto ». Fue en
ese momento que pude comenzar el diálogo... el público
me mostró que era otra cosa que había que sacar,
y me ha enseñado un poquitito más de teatro,
tiene su palabra que decir, es parte intégrante del
espectáculo, y no como yo hacia.
Yo hacia mi espectáculo y que lo mire quien pueda.
No. Falta siempre la mirada del espectador para hacer algo.
El espectador no es un elemento tercero, sino que es un elemento
haciendo parte del interior, no del exterior.
- Que modifica en parte el espectáculo
...
DÍAZ-FLORIÁN :
Y que da su valor, y su coloración al texto, que da
su valor al actor, que es generador, que está en movimiento,
no esta afuera para juzgar.
-¿ Me puedes hablar, aunque
sea brevemente, de la única obra de autor latinoamericano
que Uds. han hecho ?, que es la obra de MANET : Madras, la
nuit où ...
DÍAZ-FLORIÁN
: Fíjate, aquí hay otra cosa. Yo hablé
hace un rato de Arrabal y hay otro gran escritor que es Manet,
más grande en el manejo de la lengua, a mi parecer,
porque los conozco a los dos de cerca, ¿ no ? Tienen
cosas diferentes. De Manet nosotros montamos a Madras,
a mi parecer, de manera muy bella en una época en la
que todavía ese teatro estaba viviente. Fue el mejor
espectáculo de texto que hemos hecho. Los espectadores
estaban alrededor. Nosotros lo adaptamos con Eduardo Manet
para que sea más centrado.
Se trata de una familia que se encuentra en medio de una revolución
y había hecho sus valijas colonialistas, todas sus
maletas y está esperando para irse. Entonces, nosotros
dijimos : « Han hecho todas sus maletas, enormes maletas
para llevarse todo en un barco lleno, y tienen sus ultimos
invitados : los espectadores son sus ultimos invitados. Es
evidente que la violencia era terrible, no violencia de pegar,
de botar sangre, de pegar latigazos, nosotros no hacemos esas
cosas. No se puede decir que somos unos torturadores. Era
violencia de tensión, sorda. El público que
estaba allí le tuvo horror a esa pieza, realmente horror.
Yo no estaba consciente en esa época. Había
aceptado otras cosas, pero eso no querían y en un momento
dado los comprendo. En Madras
hacíamos el juego tan verdadero, tan verídico,
que la gente decía : « ¿Pero nosotros
qué es lo que hacemos aquí ? Estamos en un problema
de gente colonialista, hay una revolución alrededor
y se mueven entre ellos, hablan de sus cosas, nosotros los
espectadores no tenemos nada que hacer, ni nos invitan al
té."
Entonces el espectáculo falló, pero a mi parecer
fue uno de los mas bellos que hemos hecho, porque nuestro
teatro tiene un gusto de la estética, de los colores,
de los vestidos, nuestro trabajo no es frío, es muy
caluroso. Así fue Madras. El autor, Eduardo Manet estuvo
siempre muy solidario de la cosa, tan consciente que me decía
: « Antonio, esto ya no funciona ». Yo me acuerdo
claramente que me decía : « Antonio, no hagas
demasiado el loco, demasiado es demasiado, dómate un
poco ». Y yo no me domaba... Y no me he dornado todavía
(risas).
El último espectáculo que hemos hecho es Público
y Comedia sin titulo, que hemos
presentado bajo el titulo La mort
travestie, a causa de los herederos que nos han prohibido.
También hay gente que me dijo : « esto es 'pile
ou face', esto va de los mejores espectáculos o no
». Yo te diré, para terminar, que la cosa va
mal, la cosa no va clara para los latinoamericanos. Lo que
funciona desde hace dos años es la homosexualidad brasileña,
o una cosa así.
- Última pregunta : ¿
tu has vuelto a Perú ?
DÍAZ-FLORIÁN
: No, hay que volver. Mis previsiones son de volver dentro
de cuatro o cinco años a trabajar en cualquier país
de America Latina, no más al Perú que a otro
país. Necesito absolutamente el desborde, la irresponsabilidad
y la libertad. La locu... disculpa de utilizar esa palabra
todo el tiempo, pero la « dinguerie », la locura
latinoamericana, la ceguedad, botarse como el Che en una guerrilla
por ahí o una cosa así, necesito esa aventura,
me es primordial, me es fundamental. Seguro no será
montando a Molière, o Shakespeare o Racine, no creo
que volveré a hacer eso, pero no se... si es para ganar
dinero y hacer otra cosa... Creo que mi gusto sería
volver a trabajar con campesinos.
- ¿ Tu has recibido algún
ofrecimiento directo de Perú ?
DÍAZ FLORIÁN
: Sí, pero todavía no he acabado aquí
mi camino. Sabes que si te vas un año de Francia y
regresas el otro, estás desaparecido. Salvo cuando
se es García o una cosa así. Es muy peligroso
Francia, cuando te vas a hacer teatro a otro lugar. Dos o
tres años fuera y desapareces, la subvención
es cortada y comienzas de nuevo, como Savary.
- A García le pasó algo
así, porque él fue a trabajar a España
con Nuria Espert.
DÍAZ-FLORIÁN
: Ese sí era latinoamericano. Yo lo vi poner en escena
un espectáculo de Claudel que hizo en la ciudad universitaria.
Sus actores cuando yo los vi, eran locos. Ése estaba
en America Latina, necesitaba actores así, que no hay...
Arrabal necesita esos actores que no los hay. Ahora, eso no
quiere la gente. Ya no. Ahora quiere sonrisas ... y es normal
... Tampoco critico al público francés.
No es que yo tenga miedo de partir, pero pienso que todavía
tengo que trabajar unos cuatro o cinco años aquí,
pero yo sé que aquí me falta algo, me falta
totalmente ... Y no cederé, es seguro que no voy a
montar una pieza tradicional. Quizá lo se hacer ...
pero no puedo montar una pieza normal.
- ¿ Tu escribes, entonces,
los textos de la mayoría de las obras ?
DÍAZ-FLORIÁN
: Al comienzo yo los escribía ; no eran textos, eran
mas bien situaciones. Y estos ultimos años hubo las
adaptaciones de las obras (Hernani,
Escritos contra la comuna).
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